¡Feliz día del cariño, de la amistad, del amor, de san Valentín, de los enamorados, o de lo que sea! Pero, ¡feliz día, en fin!
¿Les ha pasado que, el 14 de febrero de cada año es un día mágico? ¡Sí! Mágico. Ese día todas las personas se vuelven lindas y especiales para todo el mundo, porque, cuando se llegan los famosos, esperados por muchos y repudiados por otros, intercambios de regalos; es increíble ver cómo todo el mundo dice cosas lindas de uno; cosas como: “a mí me tocó una persona muy especial, una súper persona…” El problema es que, al día siguiente, se acabó el hechizo mágico. Las mismas personas que hablaban cosas tan lindas de ti, pueden regresar a hablar mugres a tus espaldas.
¿Tiene, entonces, sentido celebrar un día como éste? ¿No se supone que todos los días deberían ser del cariño, la amistad, el amor y de los enamorados? Si de tu corazón nace darle un regalo a alguien, vas y se lo das; pero, ¿qué pasa si en tu trabajo o en el colegio te obligan a hacer un intercambio de regalos? ¿Y si te toca intercambiar con alguien que no hace brotar en tu corazón el sentimiento de querer darle un regalo? ¿No se pierde aquí el sentido real de esta celebración y se vuelve algo completamente superficial?
¡Y no dejemos atrás el ritual que debemos rendir al dios del tránsito vehicular! Comprar ese regalo que, tal vez ni siquiera quieres dar, es una aventura que requiere mucha paciencia y pericia. Desde sacarle información a las personas cercanas a tu “amigo secreto” hasta llegar al lugar donde lo vas a comprar. Y cuando llegas, resulta que el preciado regalo está agotado. Después de 3 horas metido en ése río de acero y humo, otros 15 minutos de buscar un parqueo que, después de tu fallido intento de compra deberás pagar, vas al primer lugar que encuentras y compras cualquier cosa cuyo precio esté en el límite inferior de los precios establecidos en las reglas del intercambio. Inventas un par de palabras bonitas, y le das el regalo a esa persona a la que no le querías dar nada.
Pero, no todo es malo. Celebrar este día con tus amigos, tu pareja, tu familia, es una experiencia inolvidable. Celebrar ese sentimiento de unión, de afecto, con sinceridad de corazón es algo que debe aplaudirse. Y para esto no hace falta comprar cien regalos. Para alguien que te quiere y te ama, una sonrisa basta para saber que estás ahí incondicionalmente y en cualquier momento. Claro, si te nace del corazón hacer un regalo, ¡hazlo! Aunque fuera algo comprado en una tienda de “Todo a Q. 9.99”, a esa persona que es tan importante para ti, y que tú eres importante para ella, le encantará y estará muy agradecida de corazón.
El cariño, el amor y la amistad son sentimientos puros y fuertes. Celebrémoslos con el corazón, y que el comercio y la algarabía superficial no nos arruinen lo que puede ser una celebración inolvidable y única.
¡Feliz día del cariño, de la amistad, del amor, de san Valentín, de los enamorados, o de lo que sea! Pero, ¡feliz día, en fin!
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