¿Nunca les ha pasado que tienen un sentimiento incontrolable por una persona, pero no se atreven a decírselo por temor a que la reacción que pueda tomar sea negativa y lo arruine todo, incluyendo la bella amistad? Creo que a todos nos ha pasado alguna vez. Pero, ¿y cuándo ése sentimiento es mutuo y ninguno de los dos se atreve a decirlo? ¿Cómo saber si ésa persona por la que tu sientes que el corazón se te sale del pecho, siente lo mismo que tú? Yo tengo una teoría: hay que decírselo de frente y esperar que responda. Si siente lo mismo, te lo dirá. Si duda, dirá que no lo siente, dejando de lado la parte que le dice a la persona que sí lo siente. Y si no lo siente, te lo dirá de una u otra forma. Pero con esto te ahorras tiempo, dinero, lágrimas, sueño perdido, angustias y nervios. ¿Por qué tiene que ser así entre los sexos, que debemos ingeniarnos un plan de guerra para llevar a cabo las bien llamadas “conquistas”?
Me parece, aunque reconozco que a veces tengo mis dudas, que si todos los seres humanos nos dijéramos las cosas de frente, resolveríamos muchos problemas que a lo largo de la historia han llevado a la humanidad por todos los caminos posibles hasta ahora, y si seguimos así, faltarán muchos más.
De las pocas cosas buenas que se encuentran en las cadenas de e-mail, me llegó ésta, que me parece muy bonita, y que nos puede dar una lección sobre decir las cosas que sentimos. ¡Que no nos pasen las de éstos niños!:
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